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Última Memoria

Antonio Tellado

Valiéndose de un relato escrito en primera persona, Antonio Tellado construye una crónica sentimental de la Málaga del siglo XX. 

 

La trama de la novela gira alrededor de los Téllez, una familia arquetípica de los medios populares y obreros que reúne los valores y virtudes que la literatura militante les atribuía, tales como la honestidad, la bonhomía, la solidaridad o la conciencia de clase. No en vano todos los hombres de la misma serán militantes entregados a la causa obrera: en unos casos, desde las filas de la UGT, en cuya fundación participó incluso el patriarca de la familia, y, en otros, de la CNT, por la que pasaría de manera circunstancial Miguel, el hijo menor en torno al cual gira la obra de la que él mismo será el narrador.

Gracias a su minuciosa descripción sabemos de las penurias, de las privaciones, inquietudes y anhelos de la familia Téllez, como podemos conocer a cada uno de sus miembros: sus rasgos físicos, sus cualidades morales, sus aficiones.  A su padre, de anchas espaldas y un rostro bien parecido, tonelero de profesión y aficionado a los toros y el flamenco. A su madre, una mujer sencilla y bondadosa que toda su vida estuvo atada a una vieja máquina de coser con la que procurar recursos para la casa. A sus hermanos Rafael y Antonio, toneleros también. Serio, formal, aficionado a la lectura de obras de trasfondo político y social y respetado por sus hermanos menores,  el primero de ellos. Más inclinado a estar con los amigos, a tomar una copa y a vivir la vida, el segundo. Una actitud vital a la que tampoco era ajena su hermana Carmela, faenera en los almacenes de pasa que salpicaban las calles del Barrio del Perchel, y en las cuales nuestro personaje inició su aprendizaje vital.

Desde los primeros juegos infantiles, alguno de ellos vestido incluso “de luces”, gracias al viejo traje de torero que le regalaran y que había sido despreciado por aquellos niños de La Caleta a los que “servía” la amiga de su madre, hasta sus primeras experiencias sexuales: la iniciática, en la propia “miga”, y la de juventud, con su vecina Paquita, entre cuyos tersos pechos pudo escuchar “los latidos” de la radio de galena de su amigo Andrés. Después llegaría su difícil incorporación al mundo del trabajo, como aprendiz de una ebanistería que estaba situada junto a la Catedral, lo que le permitió salir del reducido marco espacial en el que se desenvolvía generalmente la vida de la mayoría de sus convecinos.

El tránsito de la adolescencia a la edad adulta lo vivió con las mismas esperanzas y el mismo desasosiego con que asistió a la proclamación de la República y a sus primeros meses de vida. Y tras ello, la decepción, la misma que experimentó al ver cómo la organización sindical a la que se había afiliado buscando dar un paso más en su emancipación familiar y sindical le volvía la espalda. Después tuvo que soportar la trágica Guerra Civil y la frustrada huída por la Carretera de Almería junto con su vieja madre enferma, su incorporación forzosa al ejército y su marcha a tierras extrañas, donde el vacío y la nostalgia sólo los mitigaría la solidaridad fraterna del paisanaje y las amistades femeninas. Y a su vuelta a la ciudad, la dureza de la postguerra, marcada por el hambre y la represión de los vencidos a manos, entre otros, del fiscal Arias Navarro, “el carnicerito de Málaga”; su encuentro, noviazgo y matrimonio con Sara, aquella joven de ojos profundos con la que supo encontrar la dicha y la felicidad.

Experiencias todas ellas que el autor de la obra nos narra con el detalle y la precisión que se deriva del conocimiento que tiene de la Historia local y nacional, a lo que no es ajeno su formación como historiador. Una formación que le ha llevado en no pocas ocasiones a deslizar algunos cultismos en el relato, sea recogiendo fragmentos de las Coplas de Jorge Manrique, refiriéndose a Circe y Ulises, citando a Luis de Góngora, haciendo hablar al Conde de Lucanor o comparando algunas escenas que relata con cuadros bien conocidos del historicismo pictórico como “El testamento de Isabel la Católica”. Referencias y citas que entreveran el relato y que sirven como contrapunto a la linealidad del discurso narrativo, que en ocasiones, sin embargo, se ve alterado por las digresiones filosóficas en las que incurre el narrador, quien, postrado en su cama de la UVI, recorre mentalmente todos y cada uno de los capítulos de su azarosa existencia, al tiempo que se interroga sobre el sentido de la vida en las condiciones en las que se encuentra y sobre el valor moral de la eutanasia. Una interrogante con la que se abre y cierra el relato.

Última memoria son los recuerdos de la vida de un hombre que está próximo a la muerte. Acuden a su mente y en ellos hay, como en todas las vidas, momentos divertidos y dramáticos, porque a su generación le tocó vivir unos tiempos muy convulsos en los que a la dureza de una vida llena de privaciones se unió el drama de una guerra civil y de un régimen represivo.  Era una realidad muy diferente a la de la España actual, entonces  los niño empezaban a trabajar con nueve años y el trabajo durante muchas horas de toda una familia no bastaba para salir adelante. Sin embargo, también eran tiempos en los que la gente empezó a creer firmemente que su vida podía mejorar. En el cambio de mentalidades tuvo mucho que ver la irrupción en sus vidas del cine y de la radio, así como la difusión de las ideas a través de los libros, pero sobre todo la creciente organización de los trabajadores en sindicatos. Pese a todo, la vida transcurría y el ser humano tenía que hacer de ella, mientras le dejaran, un acto cotidiano.

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Datos del libro

  • Libro impreso
  • ISBN: 978-84-936204-0-0
  • Páginas: 302
  • Tamaño: 21 x 15

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